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Mostrando las entradas de agosto 14, 2024

Amante que hace lección para aprender a amar de maestros irracionales - Francisco de Quevedo

  Amante que hace lección para aprender a amar de maestros irracionales [Poema - Texto completo.] Francisco de Quevedo Músico llanto en lágrimas sonoras llora monte doblado en cueva fría, y destilando líquida armonía, hace las peñas cítaras canoras. Ameno y escondido a todas horas, en mucha sombra alberga poco día: no admite su silencio compañía, sólo a ti, solitario, cuando lloras. Son tu nombre, color, y voz doliente, señas más que de pájaro, de amante: puede aprender dolor de ti un ausente. Estudia en tu lamento y tu semblante gemidos este monte y esta frente: y tienes mi dolor por estudiante. Descargar: "Amante que hace lección para aprender a amar de maestros irracionales" (PDF)

Las tres leyes de la robótica - Isaac Asimov

  Las tres leyes de la robótica [Minicuento - Texto completo.] Isaac Asimov Ningún robot causará daño a un ser humano o permitirá, con su inacción, que un ser humano resulte dañado. Todo robot obedecerá las órdenes recibidas de los seres humanos, excepto cuando esas órdenes puedan entrar en contradicción con la primera ley. Todo robot debe proteger su propia existencia, siempre y cuando esta protección no entre en contradicción con la primera o la segunda ley. FIN “The Three Laws of Robotics” Descargar: "Las tres leyes de la robótica" (PDF)

La última pregunta - Isaac Asimov

  La última pregunta [Cuento - Texto completo.] Isaac Asimov La última pregunta se formuló por primera vez, medio en broma, el 21 de mayo de 2061, en momentos en que la humanidad (también por primera vez) se bañó en luz. La pregunta llegó como resultado de una apuesta por cinco dólares hecha entre dos hombres que bebían cerveza, y sucedió de esta manera: Alexander Adell y Bertram Lupov eran dos de los fieles asistentes de Multivac. Dentro de las dimensiones de lo humano sabían qué era lo que pasaba detrás del rostro frío, parpadeante e intermitentemente luminoso -kilómetros y kilómetros de rostro- de la gigantesca computadora. Al menos tenían una vaga noción del plan general de circuitos y retransmisores que desde hacía mucho tiempo habían superado toda posibilidad de ser dominados por una sola persona. Multivac se autoajustaba y autocorregía. Así tenía que ser, porque nada que fuera humano podía ajustarla y corregirla con la rapidez suficiente o siquiera con la eficacia suficiente...