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Mostrando las entradas de agosto 15, 2024

Soneto de Miguel de Cervantes a la reina doña Isabel - Miguel de Cervantes Saavedra

  Soneto de Miguel de Cervantes a la reina doña Isabel [Poema - Texto completo.] Miguel de Cervantes Saavedra Serenísima reina, en quien se halla lo que Dios pudo dar a un ser humano; amparo universal del ser cristiano, de quien la santa fama nunca calla; arma feliz, de cuya fina malla se viste el gran Felipe soberano, ínclito rey del ancho suelo hispano a quien Fortuna y Mundo se avasalla: ¿cuál ingenio podría aventurarse a pregonar el bien que estás mostrando, si ya en divino viese convertirse? Que, en ser mortal, habrá de acobardarse, y así, le va mejor sentir callando aquello que es difícil de decirse.   Descargar: "Soneto de Miguel de Cervantes a la reina doña Isabel" (PDF)

La historia de los duendes que secuestraron a un enterrador - Charles Dickens

  La historia de los duendes que secuestraron a un enterrador [Cuento - Texto completo.] Charles Dickens En una antigua ciudad abacial, en el sur de esta parte del país, hace mucho, pero que muchísimo tiempo -tanto que la historia debe ser cierta porque nuestros tatarabuelos creían realmente en ella-, trabajaba como enterrador y sepulturero del campo santo un tal Gabriel Grub. No se deduce en absoluto de ello que porque un hombre sea enterrador y esté rodeado constantemente por los emblemas de la mortalidad, tenga que ser un hombre melancólico y triste; entre los funerarios se encuentran los tipos más alegres del mundo; en una ocasión tuve el honor de trabar amistad íntima con uno muy silencioso que en su vida privada, fuera de ser necio, era el tipo más cómico y jocoso que haya gorjeado nunca canciones procaces, sin el menor tropiezo en su memoria, ni que haya vaciado nunca el contenido de un buen vaso sin detenerse ni a respirar. Pero no obstante estos precedentes que parecen con...

Tan amigos - Mario Benedetti

  Tan amigos [Cuento - Texto completo.] Mario Benedetti -Bruto calor -dijo el mozo. Pareció que el tipo de azul iba a aflojarse la corbata, pero finalmente dejó caer el brazo hacia un costado. Luego, con ojos de siesta, examinó la calle a través del enorme cristal fijo. -No hay derecho -dijo el mozo-. En pleno octubre y achicharrándonos. -Oh, no es para tanto -dijo el de azul, sin énfasis. -¿No? ¿Qué deja entonces para enero? -Más calor. No se aflija. Desde la calle, un hombre flaco, de sombrero, miró hacia adentro, formando pantalla con las manos para evitar el reflejo del ventanal. En cuanto lo reconoció, abrió la puerta y se acercó sonriendo. El de azul no se dio por enterado hasta que el otro se le puso delante. Sólo entonces le tendió la mano. El otro buscó, de una ojeada rápida, cuál de las cuatro sillas disponibles tenía el hueco de pantasote que convenía mejor a su trasero. Después se sentó sin aflojar los músculos. -¿Qué tal? -preguntó, todavía sonriendo. -Como siempre -di...

Desayuno en Tiffany's - Truman Capote

 Desayuno en Tiffany's [Cuento largo - Texto completo.] Truman Capote Siempre me siento atraído por los lugares en donde he vivido, por las casas y los barrios. Por ejemplo, hay un edificio de roja piedra arenisca en la zona de las Setenta Este donde, durante los primeros años de la guerra, tuve mi primer apartamento neoyorquino. Era una sola habitación atestada de muebles de trastero, un sofá y unas obesas butacas tapizadas de ese especial y rasposo terciopelo rojo que solemos asociar a los trenes en día caluroso. Tenía las paredes estucadas, de un color tirando a esputo de tabaco mascado. Por todas partes, incluso en el baño, había grabados de ruinas romanas que el tiempo había salpicado de pardas manchas. La única ventana daba a la escalera de incendios. A pesar de estos inconvenientes, me embargaba una tremenda alegría cada vez que notaba en el bolsillo la llave de este apartamento; por muy sombrío que fuese, era, de todos modos, mi casa, mía y de nadie más, y la primera, y ten...